Tauromaquias

Cuando Felipe V, el primer rey Borbón, prohíbe las corridas reales, no era consciente de que estaba provocando un cambio decisivo en la Fiesta de los Toros. Se abandona el toreo a caballo, practicado por los nobles y aristócratas, y se impone el toreo a pie, practicado por el pueblo, por los plebeyos. Al principio con un tremendo desorden, sin distinción entre público y practicantes, por lo que las desgracias eran muy frecuentes.
Surgen entonces los primeros tratados técnicos o Tauromaquias para ordenar el desbarajuste, separando al público de los actores, estableciendo un orden en la lidia dividiéndola en tercios, enseñando la práctica de cada lance o cada suerte, explicando la técnica frente al toro para evitar desgracias y que el espectáculo ganara en lucimiento. En aquella primera época dorada del toreo con Pepe Hillo, Paquiro, El Chiclanero, Costillares, se editan las primeras tauromaquias de los dos primeros, configurándose la moderna corrida de toros.

No existía la fotografía, y las representaciones de los distintos momentos de la lidia, o del ambiente de las plazas de toros, se realizaban mediante dibujos que ilustraban los libros de viajes de los extranjeros que visitaban España. No eran exactamente fieles, pues los autores, impactados por el espectáculo, lo exageraban frecuentemente.

La primera serie de estampas en la que se representa toda la secuencia de la corrida, desde el inicio hasta el final, con una descripción gráfica de todas las suertes, es la Tauromaquia de Antonio Carnicero. Dibujada y grabada entre 1787 y 1790 bajo el título “Colección de las Principales Suertes de una Corrida de Toros”, es el modelo en el que se inspiran todas las que se realizaron a continuación.

Así, la segunda edición de la “Tauromaquia o Arte de Torear a caballo y a pie” de Pepe Hillo, editada en 1804, tres años después de su muerte corneado en la Plaza de Madrid, se ilustra con una serie de estampas prácticamente copiadas de la de Carnicero.

También sirvió de inspiración a pintores extranjeros de distintos países.

La segunda gran Tauromaquia es la de Francisco de Goya, que consta de 40 estampas al aguafuerte realizadas entre 1814 y 1816. Es de un enorme dramatismo, reflejando siempre el enfrentamiento entre el toro y el hombre en igualdad de condiciones, resaltando la emoción y el valor del encuentro, y dejando perpetuados en sus dibujos suertes que estaban en desaparición.

A mediados del siglo XIX vuelven a editarse nuevas tauromaquias en el extranjero, fruto de las visitas de los viajeros románticos a España, ávidos de acontecimientos pintorescos, y en busca de emociones nuevas. Víctor Adams, Pharamon Branchard, Wilhelm Gail, Wiliam Lake Price, y sobre todo Gustavo Doré.

En España, la más destacable es la de Daniel Perea, ilustrador de la revista “La Lidia”, caracterizada por su enorme fuerza y colorido.

La gran Tauromaquia del siglo XX es la de Pablo Picasso. Consta de 26 estampas al aguatinta, realizada por encargo de Gustavo Gili, para ilustrar una nueva edición de la Tauromaquia de Pepe Hillo, en 1959. Picasso pintó los 26 motivos en solamente tres horas, lo que da una idea de la espontaneidad, frescura, movimiento y luminosidad de la obra. Refleja como nadie la alegría y el color de la corrida a pesar de utilizar sólo el blanco y negro. Posteriormente, grandes pintores, han seguido inspirándose en el tema taurino, incluso ilustrando obras literarias con sus trabajos. Así Antonio Saura realiza su “Sauromaquia”, 10 litografías para el “Arte del birlibirloque” de José Bergamín, de clara inspiración goyesca. José Caballero se inspira en las páginas de “Al toro” de Bergamin, para realizar 20 cromolitografías, y en “La Suerte o la Muerte” de Gerardo Diego, para crear 12 aguafuertes magníficas. Juan Barjola realiza distintas series de estampa en los años 70, 80 y 90, fundamentalmente cromolitografias y aguafuertes. Su tauromaquia abigarrada, dramática y colorista, recuerda en rara mezcla a Goya, Picasso y Solana. José Hernández ilustra con 10 estampas textos de Bergamin y Alberti, “La música callada del toreo”. Y Álvaro Delgado, se inspira en el “Poema del toreo” de Gerardo Diego para dibujar 16 ilustraciones.

LA TAUROMAQUIA DE GUERRERO MEDINA

Otra gran Tauromaquia nace en el siglo XXI, la de José María Guerrero Medina, un jienense de la Guardia, pronto trasladado a Barcelona. Pintor, dibujante, escultor, grabador, de dilatada y premiada trayectoria. Que de joven era aficionado a los toros, y gustaba de tomar apuntes en la Plaza. Era la época de Ordóñez, Luis Miguel, Bienvenida, Puerta, Camino, El Viti, El Cordobés……. Y que como él mismo confiesa, poco a poco fue aburriéndose hasta dejar de ir a las Plazas. A pesar de ello, su afición en estado latente, le llevó a realizar dos óleos en 1987, representando dos bustos de toreros, al igual que otro en bronce. Hasta que en septiembre de 2010 alguien le convenció para acudir a la Monumental de Barcelona a ver a José Tomás.

Fue tal el impacto que recibió contemplando las dos faenas de José Tomás, que según cuenta, pasó la noche en vela intentando plasmar con el pincel, solamente negro sobre blanco, todas las emociones experimentadas esa tarde. Son un gran número de dibujos, de trazo muy simple, que recuerdan sorprendentemente la tauromaquia de Picasso por frescura, movimiento, y captación de la suerte en cada momento.

Estos dibujos pronto se convirtieron en una primera tauromaquia consistente en una serie de unos 70 óleos sobre tabla de pequeño formato, de enorme fuerza y colorido, en los que Guerrero consigue relatar toda la secuencia de la corrida, toda su liturgia, desde la parte coral del despeje de plaza por los alguacilillos, el paseíllo, la suerte de varas, hasta la parte más intimista de los lances con el capote, o la faena de muleta: solos toro y torero, tauromaquia pura, enmarcados íntimamente por el albero de la plaza, sin más protagonistas que distraigan la escena.

Y finalmente, el último paso. Una tauromaquia, que es la que presentamos, 12 láminas, aguafuertes al azucar, trabajando directamente sobre la plancha de cobre, buscando y consiguiendo el mismo trazo fresco, espontáneo, luminoso, de los anteriores dibujos y óleos. Siguiendo los cánones clásicos de las anteriores tauromaquias de los siglos XIX y XX, en ellas se refleja todo el orden de la corrida. Paseíllo, salida desafiante del toro, el toro engallado frente al matador, la verónica, el recorte con el capote, y la faena de muleta: el cite, el ayudado por alto y por bajo, el natural, el pase de pecho. Cuatro trazos, cuatro manchas, le bastan a Guerrero, para describir la compenetración del hombre y el toro, la plástica, y la gracia del momento. No se puede lograr más, con menos. Solo se puede conseguir desde el sentimiento, la emoción, y unas enormes dotes artísticas. Nuevamente una gran tauromaquia en el Siglo XXI, en Cataluña, algo que los aficionados al Arte, a la pintura taurina y a la Fiesta más Grande que parió la Historia de la Humanidad, agradecemos inmensamente a este gran artista que es José María Guerrero Medina.

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